La plaza que data de la época de la colonia, ha sido desde sus inicios centro de reuniones y de intercambio comercial, que no dicta mucho en la actualidad de lo que fue en aquellos años.
El club de ajedrez se ubica al interior del odeón ubicado en la vereda Este de la Plaza de Armas de Santiago. Funciona de lunes a domingo de las 13 a 21 horas, incluso los festivos. Posee dos encargados, uno que lo administra en la semana y otro para el fin de semana. La infraestructura con la que cuenta corresponde a:
- unas treinta mesas que tienen dibujado el tablero de ajedrez y el nombre del club sobre la cubierta,
- unas sesenta sillas,
- y un escritorio, que utiliza el administrador.
El Club de Ajedrez
Todos ubicados al interior del odeón y en dirección norte, unas cuantas mesas agrupan a otro grupo de ajedrecistas.
Este grupo cuenta con personalidad jurídica desde el año 1992. Antes de esto se juntaban de manera informal en los bancos de la plaza. Conversando con los ajedrecistas, indican que se viene jugando en la plaza aproximadamente desde de 1987 o antes incluso: “la gente ya se juntaba trayendo sus tableros y jugando de pie en ocasiones”. Cuando se construyo la pérgola, aproximadamente a fines de 1980, comenzaron a reunirse en ese sector. En aquella época era difícil agruparse, ya que el gobierno militar impedía las reuniones al aire libre y en más de una oportunidad tuvieron inconvenientes con las autoridades.
El club en la actualidad cuenta con aproximadamente 100 socios inscritos, los que pagan una cuota de incorporación y una mensualidad de $2.500 mensuales. Esto les da derecho a ocupar los tableros de manera ilimitada en los horarios indicados. Los usuarios esporádicos deben cancelar $400 por el uso del tablero.
En su mayoría los socios son hombres que borden los 40 años, principalmente oficinistas que trabajan en el sector y jubilados. En relación a las mujeres es baja la participación, como también la de adolescentes. Sin embargo, esto varía los fines de semana cuando llegan las familias.
El espacio al interior del odeón se divide en dos. El primero alberga a los jugadores “pensantes” aquellos que se toman el tiempo para jugar. Ellos se ubican en el centro y hacia el sur; y por lo general son los más ancianos y/o inexpertos. En el borde norte se ubica tres mesas que agrupan a los jugadores expertos, aquellos que juegan contra reloj y son quienes agolpan toda las miradas de los transeúntes que pasan por el lugar.
Tras todo esto me pregunto: ¿Qué hay más allá de la evidente pasión por este juego? Podríamos pensar en primera instancia que el uso del espacio es meramente utilitario, y que se ocupa como lugar de recreación y/o entretención; y que claramente no corresponde a un espacio común para esta actividad debido a que esta al aire libre. Sin embargo, su uso va más allá de la entretención, es un espacio de encuentro. Eso queda de manifiesto en varias conversaciones y testimonios:
“la señora que ves allá se llama victoria, ella tienen como 70 años. Vive con un hijo en un departamento por acá cerca y todos los días viene a jugar. Es la única entretención que tiene y es mejor que quedarse en la casa a ver televisión. La mente hay que mantenerla activa.”
“yo no se jugar ajedrez, pero me gusta venir a conversar, es mejor que quedarse toda el día encerrado en el departamento”
Para los socios y los usuarios habituales del club, este espacio cobra significado como un lugar de pertenencia. Muchas de las conversaciones que escuche apuntaban a esto, frecuentaban el lugar porque el sentido de pertenecer al grupo les daba animo y se sentía apreciados, no es algo explicito, pero se ve y se siente en las conversaciones. Demostraciones como “maestro” para referirse a otro ajedrecista o “la torta” al momento de nombrar el odeón, nos indican la familiaridad que existe con el espacio y entre ellos, una co-construcción desde el anonimato inicial “jugador pensante” al “socio activo”; las relaciones que se establecen son parte del proceso de vida de este club.
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